Título: Sólo un beso
Director: Ken Loach
Año: 2004
Países: Reino Unido, Italia y Alemania
Género: Drama
Duración: 108min
Esta semana, en la 2, de TV Española, se podía degustar algo de calidad en la pequeña pantalla. Algo a lo que no, desafortunadamente, no estamos acostumbrados. Aún así es una lástima que se divulgue en una cadena con tan poca audiencia ya que sería interesante que muchos dedicaran el tiempo a hacer o ver cosas interesantes en vez de ver Reality Show en cadenas como Telecinco o Antena 3
Sólo un beso, un título muy dulce, enganchadizo e inocente que poco tiene que ver con sus protagonistas. La relación hay que buscarla más con su entorno, se reivindica algo tan sencillo y humano como un beso es algo así como déjame sentir, déjame vivir mi propia vida.
Sólo un beso, un drama típico pero firmado por Ken Loach y tratado desde una perspectiva de autor a lo ‘indie’. El director desarrolla tres versiones distintas sobre la Escocia Occidental. La de Roisin, Casim y la familia de este último.
La excusa para contarla es la extraña “relación” que mantienen los dos protagonistas, Roisin y Casim. Se podría llamar amor, pero se aleja bastante de las telenovelas, es más bien una relación sexual y pasional que se va forjando por pura atracción al estilo occidental. Trabaja muy bien las escenas de sexo, mostrado lo justo y necesario y deteniéndolas en el punto ideal para que te enganches poco a poco a la historia. La peculiaridad de los implicados es que forman parte de culturas muy distintas: la musulmana y la católica.
El entorno de la pareja en vez de apoyarles intenta distanciarles es como si cada uno tuviese una vida tan diferente al otro que no se pudiesen complementar. Ken Loach pretende así, intentar reivindicar que cada uno se ponga su propia etiqueta y decida su propia identidad. Situándose, por tanto en el lado opuesto de la mayoría de los personajes del film.
Lo malo es que el director no logra despegarse de su propio punto de vista occidental y no acaba de entrar en la mentalidad musulmana. Sí plantea situaciones, sí plantea cuestiones, pero ¿dónde está el intento de aproximación? Sólo se ve una pequeña pincelada en el guión de la pareja, en las charlas de los Cafés. Las ganas de reivindicar la identidad, haberlas las hay. ¿Y todo lo demás? Si hubiese intentado ir más allá podríamos estar hoy hablando de un film de denuncia-documental que realmente aportase algo para las mentes de los cineastas más exigentes.
Hay múltiples historias sobre barreras culturales y religiosas y como influyen estas en las relaciones personales, en cambio pocas intentan entenderlo, hablan más que escuchan. Así las imágenes y la fotografía de Ken Loach hacen precisamente eso, nos lanza mensajes continuamente pero no nos invita a ir más allá. Sinceramente, es una pena que no se haya parado a pensar en ello.
El guión no es novedoso ni original, como tampoco es la música (a piano), todo apunta a que Loach se ha pasado esta vez con los tópicos donde no faltan los irlandeses católicos, el racismo británico, y el ímpetu de las nuevas generaciones a perseguir una nueva vida. ¿Es esa la realidad o simplemente son prejuicios? Esto se refleja a través de tres ejes.
Casim: el niño-adulto musulmán, el único barón, idolatrado por sus padres que se enfrenta a la dura decisión de elegir entre su relación personal y su familia (los valores tradicionales de la cultura musulmana).
Roisin: una joven profesora de música, recién divorciada que lleva una vida muy liberal y que cumple con estilo de vida occidental.
Familia de Casim: aquí es donde se abre una gran brecha entre los padres y la hermana mayor de éste con Tahara, la hermana pequeña.
Los padres del protagonista son muy tradicionales y apenas le dejan decidir sobre su vida e incluso llegan a organizar su boda con su prima Jasmin. Sobretodo el padre, es excesivamente reacio a los cambios e introvertido, probablemente por el duro trato que recibió su generación en 1945 cuando tras la separación de India y Pakistán, se vieron obligados a trasladarse al norte.
Es muy simpática e incluso cómica la escena en que Tahara, de 18 años le dice a su padre que se quiere ir a estudiar fuera y se defiende diciendo que ella es occidental y que si él no lo ve así que hacen viviendo en Glasgow. Es curioso porque son muchos los inmigrantes que van a otros países buscando una vida mejor pero ellos mismos se ponen barreras que se lo impiden. Esta fotografía sí me parece muy buena.
A lo que sí hay que rendirle un homenaje en la naturalidad de los personajes, que lo hacen todo tan fácil y con una naturalidad, sorprendente. Casim tiene cara de descolocado, desconcertado durante toda la película, Tahara es muy buena pero a destacar el ‘papelón’ de la ‘profesora de música’. Es muy expresiva, sin ser exagerada e incluso su vestimenta y su corte de pelo corresponden a la perfección con la imagen deseada.
Estoy segura que la misma historia contada con otros protagonistas hubiese pasado desapercibida por muchos de nosotros. Loach es un maestro en elegir al adecuado. No se deja influir por el ‘carisma’ de las grandes estrellas y busca que sus actores y actrices se parezcan lo máximo posible a sus personajes. Esto se agradece muchísimo, ya que hoy en día cuesta mucho meterse en el papel cuando ves en la misma semana actrices y actores que presentan dos o tres películas a la vez.
Un film, bastante recomendable aunque le faltan esos ‘detalles’ (propios de los documentales -que buscan una aproximación-) que antes comentaba para ser menos tendencioso, más objetivo y por tanto, un referente en el cine actual.
Director: Ken Loach
Año: 2004
Países: Reino Unido, Italia y Alemania
Género: Drama
Duración: 108min
Esta semana, en la 2, de TV Española, se podía degustar algo de calidad en la pequeña pantalla. Algo a lo que no, desafortunadamente, no estamos acostumbrados. Aún así es una lástima que se divulgue en una cadena con tan poca audiencia ya que sería interesante que muchos dedicaran el tiempo a hacer o ver cosas interesantes en vez de ver Reality Show en cadenas como Telecinco o Antena 3
Sólo un beso, un título muy dulce, enganchadizo e inocente que poco tiene que ver con sus protagonistas. La relación hay que buscarla más con su entorno, se reivindica algo tan sencillo y humano como un beso es algo así como déjame sentir, déjame vivir mi propia vida.
Sólo un beso, un drama típico pero firmado por Ken Loach y tratado desde una perspectiva de autor a lo ‘indie’. El director desarrolla tres versiones distintas sobre la Escocia Occidental. La de Roisin, Casim y la familia de este último.
La excusa para contarla es la extraña “relación” que mantienen los dos protagonistas, Roisin y Casim. Se podría llamar amor, pero se aleja bastante de las telenovelas, es más bien una relación sexual y pasional que se va forjando por pura atracción al estilo occidental. Trabaja muy bien las escenas de sexo, mostrado lo justo y necesario y deteniéndolas en el punto ideal para que te enganches poco a poco a la historia. La peculiaridad de los implicados es que forman parte de culturas muy distintas: la musulmana y la católica.
El entorno de la pareja en vez de apoyarles intenta distanciarles es como si cada uno tuviese una vida tan diferente al otro que no se pudiesen complementar. Ken Loach pretende así, intentar reivindicar que cada uno se ponga su propia etiqueta y decida su propia identidad. Situándose, por tanto en el lado opuesto de la mayoría de los personajes del film.
Lo malo es que el director no logra despegarse de su propio punto de vista occidental y no acaba de entrar en la mentalidad musulmana. Sí plantea situaciones, sí plantea cuestiones, pero ¿dónde está el intento de aproximación? Sólo se ve una pequeña pincelada en el guión de la pareja, en las charlas de los Cafés. Las ganas de reivindicar la identidad, haberlas las hay. ¿Y todo lo demás? Si hubiese intentado ir más allá podríamos estar hoy hablando de un film de denuncia-documental que realmente aportase algo para las mentes de los cineastas más exigentes.
Hay múltiples historias sobre barreras culturales y religiosas y como influyen estas en las relaciones personales, en cambio pocas intentan entenderlo, hablan más que escuchan. Así las imágenes y la fotografía de Ken Loach hacen precisamente eso, nos lanza mensajes continuamente pero no nos invita a ir más allá. Sinceramente, es una pena que no se haya parado a pensar en ello.
El guión no es novedoso ni original, como tampoco es la música (a piano), todo apunta a que Loach se ha pasado esta vez con los tópicos donde no faltan los irlandeses católicos, el racismo británico, y el ímpetu de las nuevas generaciones a perseguir una nueva vida. ¿Es esa la realidad o simplemente son prejuicios? Esto se refleja a través de tres ejes.
Casim: el niño-adulto musulmán, el único barón, idolatrado por sus padres que se enfrenta a la dura decisión de elegir entre su relación personal y su familia (los valores tradicionales de la cultura musulmana).
Roisin: una joven profesora de música, recién divorciada que lleva una vida muy liberal y que cumple con estilo de vida occidental.
Familia de Casim: aquí es donde se abre una gran brecha entre los padres y la hermana mayor de éste con Tahara, la hermana pequeña.
Los padres del protagonista son muy tradicionales y apenas le dejan decidir sobre su vida e incluso llegan a organizar su boda con su prima Jasmin. Sobretodo el padre, es excesivamente reacio a los cambios e introvertido, probablemente por el duro trato que recibió su generación en 1945 cuando tras la separación de India y Pakistán, se vieron obligados a trasladarse al norte.
Es muy simpática e incluso cómica la escena en que Tahara, de 18 años le dice a su padre que se quiere ir a estudiar fuera y se defiende diciendo que ella es occidental y que si él no lo ve así que hacen viviendo en Glasgow. Es curioso porque son muchos los inmigrantes que van a otros países buscando una vida mejor pero ellos mismos se ponen barreras que se lo impiden. Esta fotografía sí me parece muy buena.
A lo que sí hay que rendirle un homenaje en la naturalidad de los personajes, que lo hacen todo tan fácil y con una naturalidad, sorprendente. Casim tiene cara de descolocado, desconcertado durante toda la película, Tahara es muy buena pero a destacar el ‘papelón’ de la ‘profesora de música’. Es muy expresiva, sin ser exagerada e incluso su vestimenta y su corte de pelo corresponden a la perfección con la imagen deseada.
Estoy segura que la misma historia contada con otros protagonistas hubiese pasado desapercibida por muchos de nosotros. Loach es un maestro en elegir al adecuado. No se deja influir por el ‘carisma’ de las grandes estrellas y busca que sus actores y actrices se parezcan lo máximo posible a sus personajes. Esto se agradece muchísimo, ya que hoy en día cuesta mucho meterse en el papel cuando ves en la misma semana actrices y actores que presentan dos o tres películas a la vez.
Un film, bastante recomendable aunque le faltan esos ‘detalles’ (propios de los documentales -que buscan una aproximación-) que antes comentaba para ser menos tendencioso, más objetivo y por tanto, un referente en el cine actual.
Meritxell Alba
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